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Epifanía

Los sueños de Joaquín Todas las noches el tío Joaquín caminaba descalzo, sonámbulo por la antigua casona familiar, cuentan que infundía miedo verlo andar con los ojos abiertos y pasar sin notar  la presencia de quien se cruzara en el camino, llegaba hasta el portón  de ingreso y sin cruzarlo daba media vuelta y se dirigía nuevamente al interior de la vivienda, deteniéndose de improviso en el mismo lugar: junto a la viga  que dividía en dos el gran comedor.   Joaquín era el tío de mi madre, de mirada profunda y penetrante, tan profunda y penetrante que la leyenda familiar le atribuyó poderes sobrenaturales.   Joaquín solía bromear con ello y hasta le sacaba provecho. Aseguran que de joven cuando se le antojaba un caldo de gallina  iba al corral, se concentraba en una de ellas, la miraba fijamente y el ave caía muerta en el acto lista para la olla. Mi abuela nunca supo de qué color fueron los ojos de su hermano...

FANTASÍA INFANTIL

FANTASÍA INFANTIL ……………… Érase una vez una preciosa niña que tenía prohibido alejarse de su casa sin compañía,  le estaba vetado acercarse al cerro que  los vigilaba cuál gigante imponente, se tejía un sinnúmero de relatos alrededor suyo. Sus padres no habían entrado en detalle del por qué debía mantenerse alejada, aguardaron a que creciera, para que debido a la madurez propia de su edad entendiera de qué se trataba. Pero no cayeron en cuenta que su niña, ya no lo era tanto y que ellos demoraron más de lo debido para decirle por qué el cerro era tan peligroso y amenazante. Así fue que la niña, a la primera que tuvo oportunidad no solo se acercó al cerro, lo subió,  escaló, trepó,  por momentos de pie y en otros de rodillas y logró llegar a la cima. Una vez en ella y embriagada de emoción, segura de que nadie  podía oírla  lo gritó: ¡LO HICE, NADIE  ME DETUVO¡ Con la misma fuerza que levantó la voz, agitó los brazos  y antes  de qu...

Sexto Sentido

Premonición Esta historia empieza por el final. Se trata de la muerte de un niño, mi tío. Dos personas se encargaron de contármela y ahora yo se las cuento. Una de ellas fue mi abuela, quien  hasta casi los 90 años, recordaba a su querido Pablito, su hijito de 6 años quien murió de manera violenta. Yo no viví esa experiencia, ni siquiera había nacido, no conocí a Pablito, de él sólo sabía que fue un niño inteligente, de mirada seria, guapo. Algunas fotos en blanco y negro, en sepia para ser exacta, que mi abuela guardaba como su mayor reliquia, fueron lo único que  conocí de él. Solía visitar a mi abuela a la salida del colegio, pasaba horas escuchándola contar las  historias de su infancia, de su juventud, de sus pretendientes, de su vida en los años 20, de cómo conoció a mi abuelo, de cómo fue su romance a través de cartitas con vestidos largo cubriéndoles  casi todo el cuerpo. Contaba entre risas de cómo se ruborizó la vez que mi abuelo le vio el t...