Epifanía
Los sueños de Joaquín Todas las noches el tío Joaquín caminaba descalzo, sonámbulo por la antigua casona familiar, cuentan que infundía miedo verlo andar con los ojos abiertos y pasar sin notar la presencia de quien se cruzara en el camino, llegaba hasta el portón de ingreso y sin cruzarlo daba media vuelta y se dirigía nuevamente al interior de la vivienda, deteniéndose de improviso en el mismo lugar: junto a la viga que dividía en dos el gran comedor. Joaquín era el tío de mi madre, de mirada profunda y penetrante, tan profunda y penetrante que la leyenda familiar le atribuyó poderes sobrenaturales. Joaquín solía bromear con ello y hasta le sacaba provecho. Aseguran que de joven cuando se le antojaba un caldo de gallina iba al corral, se concentraba en una de ellas, la miraba fijamente y el ave caía muerta en el acto lista para la olla. Mi abuela nunca supo de qué color fueron los ojos de su hermano...