La Boda, 2da parte
No había un centímetro de la gran residencia de más de 400 metros cuadrados en que no se hubiera impregnado el nauseabundo olor emanado del chancho podrido, macerado y rostizado, nunca nadie jamás ha vuelto a sentir una pestilencia de tal magnitud. No era posible liberarla del olor en apenas los 45 minutos que demoraría la ceremonia religiosa. Un vecino fue el voluntario sacrificado de quedarse en la casa y abrir todas las ventanas y puertas disponibles, iba de habitación en habitación con ventiladores y abanicos para expulsar el perfume dejado por la podredumbre. En la Iglesia, la ceremonia no volvió a ser igual. Juan afuera debatía internamente entre lavar el reloj o deshacerse de él. Finalmente convencido de que sería imposible recuperarlo del todo, porque ya empezaba a fallar el mecanismo lo arrojó varios metros afuera. Cuando se sintió por fin liberado de la presencia oculta del chancho, ya los novios e invitados habían pasado al salón para los saludos de rigor. León forza...